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Bienvenidos a la consulta de Anabel López, psicóloga y psicoanalista en Barcelona

La consulta de psicoanálisis y psicología en Barcelona , está coordinada por la psicóloga colegiada Anabel López . Ofrece terapia psi...

Psicóloga y psicoanalista en Barcelona

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Psicoanalista Barcelona


Nuestra consulta de psicoanálisis en Barcelona cuenta con más de quince años de historia, damos un asesoramiento clínico personalizado e individual para cada persona que nos lo solicita.

Somos un centro especializado en psicoanálisis que a lo largo de más de una década hemos generado una experiencia en el ámbito de la psicoterapia en Barcelona. Proporcionamos ayuda psicológica a personas con todo tipo de síndromes, trastornos y sufrimiento psíquico.

Como profesionales de la salud mental damos mucha importancia a la formación continúa e ininterrumpida, es necesario actualizarse ya que es una tarea ardua y compleja a la que nos dedicamos con mucho interés: mejorar la calidad de vida de personas que sufren y nos consultan. Hemos cooperado a nivel social dictando conferencias en diversos centros culturales y escolares, también, realizando intervenciones a nivel de terapias individuales, grupales y de pareja con un nivel de éxito positivo.

Actualmente, contamos con una extensa red de psicoanalistas en Barcelona dedicados a trabajar en equipo para tratar de ofrecer la mejor atención para que las personas que nos consultan puedan  conseguir sus metas personales. Sí has llegado hasta aquí, seguramente estás buscando la orientación de un profesional psicólogo experto en Barcelona, puedes depositar tu confianza en la consulta de psicoanálisis de Anabel López. Contamos con una gran experiencia clínica de tratar adultos, adolescentes y niños con diversos trastornos. Estamos capacitados para tratar su consulta con la mayor profesionalidad, sabemos perfectamente lo que implica estar afectado por una problemática que genera sufrimiento psíquico. Póngase en contacto con nosotros para reservar su primera entrevista.

¿Qué trata un psicoanalista en Barcelona?

La labor de un psicoanalista en Barcelona consiste en posibilitar una relación con la persona que consulta y así, poner a trabajar  sus conflictos y dificultades mediante la terapia de orientación psicoanalítica. A través de las sesiones, en las que la persona relata sus pensamientos, sueños, miedos y angustia, podemos acceder a los procesos psíquicos inconscientes que se ocultan y una vez que estén identificados se pueden tratar. La escucha atenta y diferenciadora del psicoanalista es lo que diferencia está terapia de otras. Se requiere un tiempo de trabajo de terapia para poder sentir mejoras subjetiva.  


Consulta de psicoanálisis Barcelona

Si está interesad@ en solicitar el asesoramiento de un psicoanalista en Barcelona, podrá  acceder a la consulta de Anabel López Psicóloga colegiada y recibir el trato que más se adecue a sus características. El campo de aplicación de la psicoterapia es bastante amplio, pudiendo tratar distintos síntomas, trastorno y malestar psíquico.

Si lo desea puede ponerse en contacto con nosotros, estaremos encantados de poder ayudarle. No espere más y deposite su confianza en profesionales expertas en psicoanálisis en Barcelona.

Existe el INSTINTO MATERNAL?


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La maternidad es un momento en la vida de la mujer que, según como sea vivido, puede ser tanto fuente de felicidad como de conflictos. Es un momento que la enfrenta con una división que se refleja tanto en su cuerpo como en su psiquismo y que atañe a su propia subjetividad, dividiéndola en madre y mujer.

Influyen en ella la significación que dé a cada uno de estos aspectos, las expectativas que tenga sobre la maternidad, la relación que haya tenido con su propia madre, la relación con su pareja, su deseo, así como también la educación y el entorno social que hacen sentir su presión, cualquiera que sea la elección que haga: sea una madre tradicional –que vive para sus hijos– o una madre moderna –que no quiere renunciar a otros aspectos de su vida­­.

¿Existe el instinto maternal?

Desde la biología el instinto se piensa como aquello que permite la supervivencia y la evolución de la especie en cuestión. Sin embargo, si nos remontamos al año 1780, en París, encontramos que de los 21.000 nacimientos que hubo sólo 1.000 de esos niños fueron criados por sus madres, otros 1.000 eran amamantados por nodrizas, y los 19.000 niños restantes fueron entregados, desde el momento mismo del nacimiento, a nodrizas a sueldo que los criaban en el campo. Un 90 por ciento de ellos no pasó del primer año. ¿Cómo se ha naturalizado la maternidad como algo innato y dado en la mujer? ¿Cómo se ha reducido la maternidad a un solo aspecto, el biológico? ¿Cómo se explica el abandono de aquellos bebés, en momentos en que la propia indefensión del recién nacido hace tan necesarios los cuidados —la leche materna y el amor— para la subsistencia, si las madres eran portadoras del instinto materno? ¿Dónde fue a parar el afecto natural, espontáneo, instintivo con que las mujeres se relacionan con su cría?

Gestar es algo diferente de la maternidad, porque esto implica asumir una función. La anatomía puede coincidir con la posición sexuada de un sujeto, pero no siempre. Podemos encontrar una posición femenina en un cuerpo masculino o viceversa. Algo de este orden ocurre también con la maternidad: se puede ser madre sin ser una mujer. Es decir, que se puede tener un hijo, dado que se tiene un cuerpo con órganos que posibilitan concebir y parir, lo cual está lejos de garantizar que ese sujeto hembra sea una mujer; puede tratarse de una niña o de una adolescente, incluso puede tratarse de alguien que está en una posición hombre y que tiene órganos reproductores femeninos. En muchos de estos casos la maternidad es una manera de no resolver o de resolver inadecuadamente los avatares de la feminidad. Tradicionalmente se ha pensado a la mujer desde una perspectiva biológica y se le ha enseñado que su tarea específica era la maternidad. El amor maternal fue concebido durante mucho tiempo como un instinto, como un comportamiento arraigado en la naturaleza de la mujer.

El mito de la maternidad como algo innato, naturalizando el deseo de hijo como instinto, es una de las construcciones centrales a partir de las cuales la maternidad puede ser pensada, sentida y ejercida por los sujetos, como una realidad objetiva, universal y natural que la torna incuestionable en su modo de ser y de entenderla.
Imaginario social que opera homologando a la mujer con el ser madre, fundando sobre la natural capacidad reproductiva femenina, que se traspasa al plano social como natural capacidad de amar, constitutiva de la mujer.

Sobre la base de los principios sostenidos por la familia nuclear, entregar un hijo, desprenderse de él, es entendido como un acto moralmente condenable, por evidenciar la carencia de amor materno. No obstante, la relación madre-hijo es producto de una construcción, de un vínculo que se edifica psíquicamente de la mano de la cultura, ya que el ser humano como especie, justamente por la carencia instintiva, entra en un mundo simbólico, atravesado por el lenguaje, con la ilusión de encontrar la completud durante toda la vida.

Que haya mujeres que deciden no ser madres, o que atravesando un embarazo no desean a ese hijo, evidencia que no es un patrón universal, innato y, por ende, no es instintivo. Las madres que no desean a sus hijos serían personas que van contra la naturaleza, contra la fuerza y la bondad del instinto. Esta idea, como se darán cuenta, no sólo está cargada de prejuicios, sino que deja en la oscuridad al conjunto de situaciones que llevan a la mujer, por ejemplo, a no desear un hijo, e impidiendo analizar una realidad que se caracteriza por ser, ante todo, muy compleja.

Ante las preguntas ¿deseo ser madre?, ¿quiero formar una familia?, algunas mujeres deciden postergar la respuesta para más adelante, justificándose en cuestiones tales como “ahora no es el momento”, “prefiero crecer a nivel profesional”; otras, con dificultad o no, deciden renunciar a la maternidad, y con el correr de los años algunas se arrepienten; otras se empeñan en buscar un buen padre para tener un hijo; otras, ante aquellas preguntas, siguen preceptos familiares en los que no existe la duda, sólo certezas, en relación a la maternidad.

De cómo haya elaborado la mujer su posición femenina desde su infancia hasta la edad adulta, y de su relación con el hombre, dependerá el lugar que cada mujer, ahora desde el lugar de madre, pueda dar a su hijo. Y el lugar que ella le dé al hombre en su deseo es lo que también permitirá a ese hombre a ocupar un lugar como padre.
Hace poco escuchaba en la consulta de psicoanálisis Barcelonaa unos jóvenes padres que discutían sobre cómo había que regañar al hijo en común. La madre no estaba de acuerdo con castigarlo y el padre afirmaba: “Es mi hijo y hago lo que yo quiera”. Cuestión que me hizo reflexionar sobre este tema. Si los hijos son de los padres, éstos corren el riesgo de transformar al hijo en objeto de su propia satisfacción, de su insatisfacción o de rivalidad con el otro integrante de la pareja; perdiendo de vista que los hijos no son propiedad ni de los padres ni de ningún otro, sino que pertenecen al mundo. Los padres tienen que posibilitar que ese niño pueda inscribirse en una cultura, tendrían que poder acompañarlos en su desarrollo y en su crecimiento. Sin embargo, pensar que el hijo es propiedad de los padres o de uno de ellos, sucede desde los primeros momentos del nacimiento. La mujer, ensimismada con su hijo, aparta la mirada del hombre y a éste se le hace difícil hacerse un lugar en esa díada. No son raras las infidelidades en esos momentos: él se dirige a otra para ser querido. Por eso es fundamental que el padre, en lugar de huir o quedarse fascinado por la relación que tienen madre e hijo, establezca límites, separe esa unidad madre-niño para que ese hijo no quede atrapado en la red materna.

Ahora bien, se abre otra cuestión: ¿qué es un hijo? Una primera reflexión nos coloca frente a una relación dialéctica: así como no hay padre ni madre si no hay un hijo que los reconozca como tales, tampoco hay hijo si no hay al menos un adulto que asuma ante él su paternidad.

Es claro que no basta con el engendramiento biológico para la constitución de una relación de filiación. Un hijo no se reduce al encuentro de un óvulo con un espermatozoide, como tampoco a una criatura eyectada de un determinado vientre: hace falta una marca, un nombre, una inscripción, un lugar simbólico donde la criatura pueda alojarse. El deseo de hijo, tanto como su ausencia, preexiste a lo real de su materialización. Y aquí no hay norma universal: cada pareja, cada persona incluso, produce sus propias tentativas de respuesta para la pregunta acerca de qué es un hijo. El proceso mediante el cual una criatura deviene hijo, es un proceso simbólico y no un acto biológico o natural. La filiación es una adopción simbólica.

Sucede que, en estricto rigor, todo hijo es hijo adoptado. Esto quiere decir que, para que exista un hijo, debe haber al menos un adulto que lo haya adoptado simbólicamente como tal, permitiéndole habitar en el mundo desde un lugar determinado.

La crisis de la adolescencia


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Honrar a los padres es darles la espalda y
partir demostrando que uno se ha vuelto
 un ser humano capaz de asumirse.”
Francoise Doltó


La adolescencia es una etapa de la vida que viene precedida por una serie de cambios de orden biológico y separaciones de orden afectivo. Para el ser humano es tan imprescindible ser atendido en sus necesidades cuando es pequeño como llegar a abandonar –a tiempo– la seguridad que brinda lo familiar.
En l@s adolescentes acontecen cambios observables a nivel del cuerpo (en la voz, crece el vello y aumentan los pechos) y pueden llegar a producir cierto extrañamiento con la imagen que el niño, ahora adolescente, tenía de sí mismo. Pero no sólo cambia el cuerpo, la forma en que se relacionaba con sus padres también: puede pasar de ser un niño obediente y ordenado a ser un joven rebelde que, la mayoría de las veces, le lleva la contraria a los padres, puede pasar de ser un niño interesado por los estudios, a mostrarse completamente desinteresado por cualquier aprendizaje. El adolescente se opone a los padres, a los adultos, a las autoridades y hasta la sociedad en general.

El adolescente sabe que ya no es un niño (sus padres se lo recuerdan constantemente), pero sabe también que no es un adulto (algo que se le recuerda aún más). Los cambios forman parte de los procesos vitales del ser humano, en el momento de la adolescencia, el sujeto toma prestado cosas de los otros: sus ropas no parecen ser suyas y sobre todo ocurre lo mismo con sus opiniones. Son opiniones de amigos tomadas en préstamo que pueden llegar a entrar en conflicto con la de los padres.

Hay que destacar que, contra lo que se cree, la adolescencia puede llegar a ser una edad ingrata en la que parece que hay que hacerlo todo de nuevo; es una etapa signada por la crisis: decaen los ideales de los padres y se erigen los propios; el joven pasa por momentos conflictivos –necesarios– para abandonar la casa en la que era un niño y acceder a lo social de la mano de los amigos. Sus voces llegarán a ser más reconocidas que la de los padres. La pasión del adolescente por romper las normas y levantar las prohibiciones es hiper-intensa, son tan vivas como las frases que pronuncian. Ellos se juegan a un todo o nada. La vida del adolescente está dividida por la pérdida de la infancia y por la ganancia de un mundo nuevo por construir y desconocido.

Esto es vivido como diferentes duelos, por el niño, por la infancia. La adolescencia no está exenta de crisis, tomando esta palabra en el sentido de “cambio”, y de angustia, porque es necesario que algo se cierre para que otra cosa pueda surgir.
La adolescencia va a ser transcurrida por caminos de dudas, duelos, crisis; pero también, está destinada a conocer las mayores alegrías, los primeros amores, la amistad y decisión elegir un camino a seguir, un futuro. Se tratan de pasos decisivos para construir su autonomía, pasos que dejan marcas en su subjetividad.

Sobre el enamoramiento

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“Era la sombra del amor,
la sombra del amor: no pudo ser.”
Baldomero Fernández Moreno

El amor, el enamoramiento han sido temáticas abordadas por filósofos, poetas, cineastas, psicoanalistas y experimentados por hombres y mujeres.

La mayoría de los seres humanos a lo largo de la vida hemos vivenciado un estado de enamoramiento en el que recuerda con cierta alegría y no se resigna a abandonar. El saber popular habla de las señales claves del enamoramiento: deseos de estar con la otra persona, necesidad de hablar con otros de lo guapo/a que es, desinterés por aquello que no implique recordar al amado, etc. Destacando su signo positivo.

Si nos detenemos en el significado de la palabra enamoramiento, hallamos una multiplicidad de sentidos. Habitualmente alude a un sentimiento amoroso intenso. Se lo usa como sinónimo de flechazo, amor o pasión. Amor y enamoramiento suelen ser presentados como estados homólogos, pero no lo son.

El enamoramiento es un estado transitorio y el amor puede ser más duradero, el estado posterior al enamoramiento. A pesar de esta distinción, en muchas personas arraigan la creencia de que el enamoramiento es un estado ininterrumpido que no culmina jamás. Y en algunos casos, los lleva a desmentir ciertas crisis que se pueden presentar a lo largo de la vida en pareja. Cuestión que se puede originar tanto en los acuerdos inconscientes con la pareja, como en la ideología popular que indican la virtud del enamoramiento como un estado de una plenitud tal que abarcaría sin interrupciones la vida de la pareja.

En cambio, el amor es un proceso que incluye un trabajo psíquico, incluye un lugar para el desencuentro, supone la elaboración de que los integrantes de la pareja son dos personas con deseos e intereses diferentes que no siempre coinciden, rompe con la creencia de que el otro es de mi propiedad y que puedo disponer de él cuando lo desee, implica una renuncia.
En su fantasía, los enamorados imaginan encontrar un antídoto contra la falta. “El otro me completa, es todo para mí, cuando estoy con él o ella no me falta nada”, estas y otras frases son pronunciadas por algunos que han experimentado el estado de locura transitoria llamado enamoramiento.

En la creencia de que el otro es todo para uno y, viceversa, se corre el riesgo de quedar atrapados en una relación extremadamente dependiente, olvidando que eso que sentimos no es amor. El amor es un proceso más difícil y complejo. Es aquí donde muchas parejas caen en crisis y deciden consultar a psicoanalista Barcelona para indagar qué les está pasando.

¿Qué es la angustia?



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En los tiempos que corren la angustia circula como una moneda de cambio. La hallamos en forma de ansiedad (ante un examen, una entrevista de trabajo, un viaje, problemas con los otros), con la cara del estrés (laboral, personal y familiar) y bajo la forma de fobias y/o pánico(temor a salir a la calle, estar en lugares abiertos o cerrados). Estos y otros nombres son los que puede adoptar la angustia.

La angustia es uno de los principales motivos de consulta de psicoanálisis Barcelona, es la señal de alarma que conduce a una persona a iniciar una psicoterapia. Quizás como última alternativa; Luego de que la medicación no haya hecho el efecto mágico de hacer desaparecer la angustia, malestar o sufrimiento.

Una de las maneras que tenemos de percibir la angustia, es a través de manifestaciones somáticas: sudoración, las palpitaciones o la sensación de ahogo, mareos, etc., donde la persona se preocupa. Ante la persistencia de estos síntomas, ante la dificultad de resolverlos, algunas personas abren la cuestión hacia lo psíquico.

La angustia es un estado afectivo que tiene un carácter displacentero evidente. Un persona angustiada no es un ser emocionado, sino todo lo contrario, está afectado, parece que cargue sobre sus hombros kilos de plomo, sus movimientos y sus pensamientos andan lentamente. En la angustia la ilación de pensamiento está interrumpida, algo ha quedado interrumpido sin tener noticia de ello, más que por los efectos que pueden aparecer después en el cuerpo. Crisis de ansiedad, ataques de pánico, son formas de presentación de la angustia.

La angustia nos acompaña en infinidad de situaciones: ante un cambio en nuestra vida, cuando damos un paso hacia delante o hacia atrás, cuando emprendemos un proyecto nuevo o cuando nos cuestionamos nuestra relación con nuestros padres o con la pareja, con los compañeros de trabajo o con los amigos. 

Dependiendo de cada uno en particular, de las cuestiones que nos toquen la angustia aparecerá en un grado mayor o menor. Sin embargo, el ser humano no se lleva muy bien con su presencia y hace todo lo posible para sacarsela de encima. Pero claro, hacer algo con la angustia implica un trabajo psíquico. Cada vez que la persona intenta huir de una situación de su vida porque hay algo en ella que no soporta. La huida implica no tener que plantearse las cosas y, por lo tanto, no tener que transitar ese camino con angustia. Para no tener que enfrentarse con las problemáticas del amor, del trabajo, de la vida. La persona, muchas veces, en vez de transformar su realidad, la niega; pero esto no quiere decir que no le sigan pasando cosas. Por tanto, huir no es una solución, es no aceptar ser humano, no aceptar la mortalidad. La angustia se presenta en el caso como un peligro que la persona intenta evitar a cualquier precio.

En la psicoterapia psicoanalítica la cura es sin instrucciones, sin indicar ejercicios específicos, la persona no tiene que exponerse a esas situaciones angustiantes, sino que, a partir de su relato y la escucha del psicoanalista, intentamos poner en juego ese saber que no sabe que posee.

Psicóloga experta en adolescentes



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"El camino de la juventud lleva toda una vida"
Pablo Picasso

La adolescencia es una categoría que va cambiando con la época y la cultura. Es una etapa de la vida que viene señalada por una serie cambios físicos y psíquicos, acompañada de duelos necesarios como el dejar atrás al niño o niña que se era, los juguetes, la dependencia emocional con los padres. Comienzan a ganar terreno el pertenecer al grupo de amigos, iguales a uno, que acompañan la separación afectiva de los padres. Ya no se les pide opinión a los padres, sino a los amig@s.

Desde el psicoanálisis pensamos al adolescente no desde el punto de vista estadístico, no fijamos una franja de edad determinada ni sólo los cambios en el organismo, franja de edad que cada vez se agranda más. Desde la sociología nos dicen que la adolescencia llega hasta los 30 años y que existen adolescencias prolongadas en el tiempo, etc. Desde la perspectiva psicoanalítica decimos que nos encontramos en la consulta con adolescentes de 40 años y niños de 50, como hay jóvenes de 15 años que asumen responsabilidades de adultos a pesar de su corta edad. Es decir, que la adolescencia tiene que ver más con un momento lógico de la vida que cronológico. Como psicoanalistas nos importa qué es lo que hace cada persona con su modo de vivir, si se responsabiliza o no tenga la edad que sea.

Somos un centro de psicología en el que atendemos la especificidad de la terapia con adolescentes en Barcelona ofrecemos un espacio terapéutico para acompañar a padres e hijos en este proceso en donde lo viejo se pone a prueba, y donde algo persiste. Pero también es preciso algo nuevo. El adolescente busca tanto semblantes nuevos como poner a prueba los viejos. Si en este proceso se producen conflictos, podemos ayudarlos en esta elaboración. La adolescencia es un momento crucial donde se deciden un montón de cosas. Es por ello, que planteamos cada terapia de manera personalizada porque para cada adolescente este proceso es diferente, planteamos un modo de intervención adecuado.

Psicoterapia para adolescentes

En la consulta de Anabel López, psicoanalista en Barcelona te ofrecemos la posibilidad de que dispongas de un espacio y un tiempo para que puedas tratar tus expectativas, analizar tus conflictos y generar posibles soluciones para hacerles frente.  Tal vez llegas a la consulta de la mano de tus padres, o de un tirón de orejas, es por ello, que es interesante que sepas como adolescente que la terapia se rige por el más estricto secreto profesional, los temas que se tratan en la consulta quedan bajo secreto y, salvo excepciones, se tiene que informar a los padres de algo de lo hablado-siempre con el consentimiento del implicado-. Igualmente, los padres están implicados en la terapia de su hij@, las entrevistas pueden ser mensuales o trimestrales y tratamos sus dificultades como padres, orientamos y/o derivamos si es necesario.

En la consulta psicoanálisis os brindamos el apoyo de una psicóloga experta en adolescentes -con amplia experiencia y formación- que os ayudará a superar problemáticas que dificultan el crecimiento personal.

Son miles los dilemas a los que se encaran l@s adolescentes, el deseo por experimentar sensaciones nuevas y la fácil accesibilidad ya sea a sustancias, a juegos, a la tecnología, a las redes sociales o a experiencias sexuales, y la nula visión de los riesgos, pueden hacer que esta época de viva en los límites.

En nuestra consulta de psicología encontrará el asesoramiento y acompañamiento de una experta psicóloga para jóvenes. La adolescencia inquieta a los padres, a los profesores y a los adultos. Para los padres se trata de un encuentro con el niñ@ que deja de ser, aquel que empieza a presentarse como un desconocido@. Extraño por momentos en su casa, extraño cuando se miran a sí mismos. Se tratan de momentos en que se transforma la manera de vincularse que existía.

Los adolescentes, se dice, se quieren diferenciar de sus padres, del mundo adulto. A veces puede ser cierto, otras no tanto. Es por esto que como padres es necesario estar atentos a fortalecer y cuidar la relación con nuestr@s hij@s adolescentes. 

Si consideran que podemos ayudarlos, 
reserve una entrevista con
Anabel López, psicoanalista Barcelona 
llamando al 935808324.

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