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La interpretación de los sueños

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Ilustración de Pablo Bernasconi



¿Cuál fue el papel que tuvieron los sueños a lo largo de la historia de la humanidad?
El ser humano sueña desde tiempos inmemoriales. En la Antigüedad suponían que los sueños estaban en relación con el mundo de los seres sobrehumanos y traían revelaciones de los dioses o de los demonios. Además, estaban convencidos de que los sueños contenían un mensaje importante para quien los soñaba: por regla general, anunciaban el porvenir.

La humanidad en todas las épocas adjudicó a los sueños un sentido, a tal punto que reyes, guerreros contaban entre sus consejeros con un onirocrítico a quien consultaban para que interpretara los sueños y a partir de ello, orientaban su toma de decisiones sobre el gobierno, la guerra, las ejecuciones o las transacciones comerciales.

Los sueños poseen algo inquietante, muchas veces lo que soñamos es capaz de influir en nuestro humor al despertar, teñirlo con las tonalidades del malestar,  alegría, o desasosiego. Es por esto que soñar sigue siendo, más de 100 años después de la publicación de ‘La interpretación de los sueños’ (1900) de Sigmund Freud, una actividad capaz de generar una curiosidad.

Hoy en día toda esta mitología no tiene mucha vigencia, a partir de la investigación de Freud, ya no se duda de que el sueño sea una operación psíquica del soñante. Sin embargo, la opinión popular aún posee la creencia de que el sueño tiene un sentido qué descifrar, que atañe a la anunciación del futuro, y que de su contenido, muchas veces confuso y enigmático, puede obtenerse la interpretación mediante la relación del sueño con un símbolo. Por ejemplo, existe la creencia popular que si se sueña con que se caen los dientes eso anuncia una muerte próxima.

Se sueña en todos los idiomas, soñantes hay en todas partes del mundo; los sueños son un fenómeno universal, son actos psíquicos inconscientes que nos ocurren a todos cotidianamente que desechamos por carecer de sentido o importancia para la vida despierta. Por lo general, se cree que no se sueña todas las noches. Sin embargo, esta creencia confunde el olvido de los sueños con la producción onírica.  

Resumiendo, el sueño es un acto psíquico que posee sentido y ocupa un lugar dentro de la vida anímica del sujeto. Es decir, que el sentido dista mucho de lo que los fantásticos libros de claves y las fantásticas páginas webs – es decir, basados en la fantasía – nos dicen que encierran los sueños, esos significados apoyados en unas curiosas tablas de conversión, como si se tratasen de tablas matemáticas.

A pesar de que el sentido que pueda tener el sueño es diferente para cada uno, existen dos características comunes a todos los sueños.

Características comunes a todos los sueños
Una es, soñamos mientras dormimos. El sueño es un estado intermedio entre el dormir y la vigilia. Para poder dormir es necesario suspender el interés por todo lo que lo nos rodea: apagar la luz, tener una almohada cómoda, dejar de lado las preocupaciones, y así poder dormir. La función del sueño es el guardián del dormir. Durante el día nos pasan un montón de cosas, para dormir ‘eso’ que nos mantiene en movimiento pasan a estar inactivas. Si siguen activas, caemos en insomnio y no podemos conciliar el sueño.

La otra característica es que soñamos en imágenes. Los procesos anímicos que se producen mientras dormimos son completamente diferentes a los procesos que acontecen mientras estamos despiertos. Es decir, en el sueño se vivencian muchas cosas y se creen realmente vivenciarlas pero en verdad no se vivencia nada, son sólo imágenes visuales.

El sueño acontece en otro escenario diferente al que vivimos cuando estamos despiertos y la única manera que tenemos de acceder a lo soñado es por medio del relato, de la transformación de esas imágenes soñadas en palabras. Son muchos los mecanismos que entran en juego en la producción del sueño que hacen que la apariencia de este pueda ser confusa, absurda, delirante, etc. Al relato del sueño lo llamamos «contenido manifiesto».

Es por el relato del sueño como comenzamos a analizar, en sesión, un sueño. El soñante relata lo soñado, asocia libremente, expresa las ocurrencias que le suscita el sueño. El trabajo de interpretación de un sueño lo podemos comparar al trabajo que nos supone armar un puzle, el soñante construye el sentido que tiene ese sueño en el marco de su vida, en su momento actual, en su deseos, anhelos, etc. Hay veces que quedan piezas sueltas del puzle y admite una nueva interpretación, el sentido no supone algo cerrado y completo. El analista puede señalar algunas cuestiones pero no revela –a modo de oráculo– el sentido del sueño. A veces los sueños ponen a trabajar en el sujeto cuestiones que no habían aparecido hasta entonces.


Los sueños como una de las formaciones del psiquismo revelan aquello inconsciente que de otra manera no podríamos acceder. Por ser inconsciente no exime al soñante de responsabilizarse de lo inconsciente que habita en él o ella.

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