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¿Qué son las obsesiones?

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Obsesionada por la limpieza”, “obsesionado con el móvil”, “obsesiona por tal persona”, “obsesionado por si le pasa algo malo a mis hijos”… Obsesiones, manías, temores que pueden acompañar la cotidianidad de algunos sujetos. Dependiendo el grado pueden transformarse en verdaderas obsesiones que limitan la vida de un sujeto y acarrean un importante malestar; en psicoanálisis llamamos a tal afección neurosis obsesiva. Es ahí cuando una persona decide consultar a un psicoanalista cuando sus manías u obsesiones le impiden llevar a cabo una actividad relativamente normal.

Se trata de sujetos que no pueden dejar de verificar –una y otra vez– que no han cometido algún error, que no han olvidado un detalle, o que no pueden dejar de ‘pensar’ en alguna idea –negativa o no– sobre sí mismo/a, cuestiones que hacen penosa cualquier tarea que desempeñen: limitando la vida del sujeto en cuestión hasta el extremo de sumirlo en una gran angustia.

Estas cuestiones pueden ser intrascendentes para muchas personas sin embargo, en la neurosis obsesiva el incumplimiento de cualquiera de ellos deja al sujeto paralizado. Es decir, que hay distintos grados. Todos tenemos algunas obsesiones cotidianas, pero llevadas al extremo dejan a un sujeto completamente condenado a su consecución. Por ejemplo, en las neurosis obsesivas graves, alguien puede tardar horas antes de salir de casa porque las medidas que deben tomar son extremas: los calcetines tienen que estar perfectamente alineados, la ropa planchada, sin ninguna arruga, el pelo engominado, la cama hecha, todo montado sobre una secuencia perfecta que cualquier inconveniente puede llegar a destruir y hacer que el sujeto vuelva a comenzar con su ritual diario.

Los sujetos obsesivos están ocupados por pensamientos sin importancia o disparatados, por sentir impulsos que les parecen extraños y por estar movidos a realizar ciertas acciones cuya ejecución no les agrada, pero que no pueden omitir. Los pensamientos obsesivos son el disparador de una actividad psíquica extenuante. El obsesivo se puede ver forzado, contra su voluntad, a especular como si se tratara de una tarea de vital importancia. Los impulsos pueden ser espantosos, como tentaciones a cometer acciones que lo horroriza y se protege de llevarlos a cabo mediante prohibiciones, renuncias y restricciones. Con estas medidas de precaución los impulsos nunca llegan a ejecutarse, sino todo lo contrario, o bien huye, o bien la precaución gana.

Las acciones que el obsesivo lleva a cabo son actos ínfimos, inofensivos con tendencia a la repetición, ceremoniales o rituales que giran alrededor de la vida cotidiana como el ir a dormir, lavarse, salir a la calle y se convierten en tareas en extremos fastidiosas y casi insolubles. A estos actos los llamamos acciones obsesivas. Los rituales son las cosas que uno realiza “sin pensar”, por ejemplo, cuando se va a dormir: cerrar la ventana de la habitación, apagar la luz para que todo este perfectamente oscuro, no tiene que haber ningún ruido, en la cama tiene que haber una manta y un edredón que me tapen hasta el cuello y la almohada debe ser las más chata de todas.

Con respecto a los pensamientos obsesivos, son frases que aparecen y que el sujeto se ve obligado a repetir. Piensa que si no lo hace le sucederá algo malo a su madre, novia, etc. Racionalmente piensa y sabe que esos pensamientos son absurdos, pero no puede dejar de repetirlos y no puede dejar de hacer lo que se le impone.

Actos, pensamientos o rituales que se le imponen al sujeto obsesivo y no puede dejar de hacerlo porque, a diferencia de lo que nos puede suceder a todos que por ejemplo, si una noche cambiamos de casa y no están dadas las condiciones para dormir, quizás durmamos un poco sobresaltados pero no pasa de ahí. En cambio, en la neurosis obsesiva, cualquier cosa que no permita la consecución de algún ritual o acto obsesivo genera una angustia insoportable. De nada sirve que intentemos distraerlos o convencerlos de que esos pensamientos son tontos y que mejor seria que se ocupe de otras cosas.  Él querría poder hacerlo, pues comparte el juicio que cualquiera de nosotros puede hacer sobre sus síntomas obsesivos y aun se los formula. En una conferencia titulada ‘El sentido de los síntomas’ Freud escribe en relación a la neurosis obsesiva: “Solo que no puede hacer otra cosa, lo que en la neurosis obsesiva se abre paso hasta la acción esta sostenido por una energía que probablemente no tiene paralelo en la vida normal del alma.” “El enfermo solo puede hacer una cosa: desplazar, permutar, poner en lugar de una idea estúpida otra de ningún modo debilitada, avanzar de una precaución o prohibición hasta otra, ejecutar un ceremonial en vez de otro. Puede desplazar la obsesión pero no suprimirla.”

Es necesario un trabajo psíquico, orientado por un psicoanalista, para descubrir la situación que en un pasado en la que la idea estaba justificada y la acción respondía a un fin. Descubriendo los motivos inconscientes que sostienen determinados rituales o despiertan determinados temores obsesivos. A diferencia del conductismo o las terapias llamadas breves, que apuntan a resolver en poco tiempo los síntomas que aquejan al sujeto; el psicoanálisis se pregunta el porqué, las causas que provocan esos síntomas y que llevan un tiempo lógico en esclarecerse. Exponer al sujeto a que ejecute acciones que contrarían a las que se le imponen no conducirán a otra cosa más que angustiarlo y ratificar su inhibición. No se trata de cambiar el comportamiento sino de descubrir el sentido inconsciente que subyace a sus síntomas.

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