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Sobre el amor

Anabel López
Sobre el amor actual en clave femenina *

psicoanalista-barcelona


“La idolatría que las mujeres practican con respecto al amor es en el fondo y originariamente una invención de la sagacidad, por cuanto mediante todas estas idealizaciones del amor acrecientan su poder y se presentan a los ojos de los hombres como cada vez más apetecibles.
Pero en virtud de la exagerada estimación secular del amor, ha sucedido que han caído en su propia red, y han olvidado ese origen. Ellas mismas están ahora más engañadas que los hombres y sufren, por tanto, más del desengaño que casi necesariamente en la vida de toda mujer, siempre que tenga fantasía e inteligencia suficientes para poder ser engañada y desengañada.”
Nietzsche, Humano demasiado humano, Volumen I - aforismo 415.


En El malestar en la cultura (1930), Freud, ubica en la fundación de la civilización al amor y al trabajo, Eros y Ananké (amor y necesidad) posibilitaron que una mayor cantidad de seres humanos pudieran vivir en comunidad bajo una regulación de las relaciones sociales, basados en vínculos amorosos y libidinales que fundamentan el origen de la pareja y la familia (el macho quería conservar junto a sí a su objeto sexual y la hembra a su prole) El amor liga a los individuos, y a partir del vínculo de sentimiento entre ellos, la dicha podría producirse. Sin embargo, esta técnica del arte de vivir que es el amor tiene un lado ‘débil’, aquel que ama es más vulnerable a las desventuras: si el objeto amado se pierde o no corresponde con su amor, la desdicha se hace presente. El amar y ser amado, no asegura la felicidad ya que expone al sujeto al padecimiento y lo hace dependiente del amor del otro.

Si pensamos el amor en clave femenina se plantea que el ser amada, para ella, es una necesidad más intensa que la de amar. Esta necesidad responde a un alto grado de narcisismo que influye también sobre la elección de objeto. Freud señala que la búsqueda principal para una mujer en sus encuentros amorosos constituye el ser amada, llegar a capturar a uno que la ame especialmente y que la distinga de las otras mujeres. El narcisismo del deseo femenino aspira a una identidad en la pareja y se aferra al narcisismo del yo, erigiendo a través de la identificación una máscara que tiene como función instituir un semblante para la feminidad. De este modo la mascarada es un recurso imaginario que trata de salvaguardar el narcisismo del yo como un instrumento privilegiado en las mujeres para abordar a su pareja en el campo del deseo.

En la vida amorosa de las mujeres se produce una convergencia del amor y del deseo en el mismo objeto. En cambio, en el hombre hay una divergencia con relación al objeto de amor y de deseo. La particularidad del amor en las mujeres es que predomina el ser deseada y amada por lo que no es. Esta demanda las torna más dependientes de los signos de amor del partenaire. El hacerse amar tiene su raíz freudiana: el miedo a la pérdida de amor opera como la angustia de castración en el hombre.

Pero que el amor ocupe un lugar importante en la vida de las mujeres quiere decir que ¿el amor hoy día ocupa el mismo lugar?

Asistimos a una época en que -a nivel de los vínculos con los otros: la fragmentación, inestabilidad y fragilidad son algunas de las marcas del capitalismo sobre los sujetos. La fragilidad en los vínculos provoca cierta inseguridad, Bauman remarca la paradoja existente, por un lado, es manifiesto el deseo de estrechar lazos con otro, pero se trata de un lazo que tiene que ser, al mismo tiempo, flojo para poder desanudarlo. Lo que en la clínica escuchamos como ‘no me quiero comprometer’, ‘no quiero que nadie me quite tiempo’, o ‘quiero una relación pero sin compromiso’.  Si una relación implica un compromiso mutuo y eso le otorgaba un carácter de solidez, en esta época las relaciones se caracterizan por ser liquidas, el peso recae en ‘conectar con otro’, en la red de conexiones que se pueden establecer, y deshacer de la misma manera en que se ha establecido el primer contacto: de forma rápida y satisfactoria. Si no es así, es que no se produjo la conexión. Para poder conectar con otro es necesaria la tecnología y el uso de las redes sociales cobran protagonismo.

Zygmunt Bauman no considera que se trate de una decadencia del amor, propone que el amor ha cambiado de forma, y que tiene ahora la misma forma de nuestra sociedad líquida. El amor líquido se debe a la gran variedad de modelos de relaciones, dada la gran libertad de elección y cambio de parejas, donde el sueño del amor eterno se sustituye por relaciones tan fluidas como las virtuales, y ante las cuales bastaría teclear ‘suprimir’, para cortar cualquier vínculo.

En la clínica escucho mujeres que, a través de aplicaciones, conocen hombres como antes una amiga presentaba a otro amigo, o se iba a una discoteca y entre baile y copa, se conocían, o en otros casos, se contrataba una agencia matrimonial, ahora sólo es necesario un dispositivo con conexión y hacerse un perfil. La cosa parece sencilla, el estado civil no es lo importante ya que existen para solteras, casadas o divorciadas, algunas con mayor discreción que otras. Sólo es necesario ‘tener claro’ que tipo de partenaire quiere y a modo de salida virtual al supermercado puede ir poniendo en el carrito de la compra, perfiles de hombres con fotos y  características determinadas. En pleno despliegue de lo ilusorio, ficciones y montajes, se comienza a ‘hablar’ a través de un like o por mensaje. Lacan dice‘El deseo es cosa mercantil, que hay una cotización del deseo que se hace subir y bajar culturalmente, y que del precio que se da al deseo en el mercado dependen en cada momento la forma y el nivel del amor. El amor, en la medida en que él mismo es un valor, está hecho de la idealización del deseo.’ Este tipo de aplicaciones promueven encuentros con ciertas carencias a nivel de la ficción del amor: son citas sin historia. Dos personas hace una hora no se conocían, se acuestan y una hora después es probable que no se vean nunca más.

La presencia de las redes sociales produjo un viraje en la lógica de los encuentros amorosos: sujetos que en consulta dedican sesiones para hablar de su vida virtual en Facebook u otra red. Llegando a interpretar el ‘me gusta’ de manera literal, o si el otro pone un like quiere decir que le gusto; o como marca de que le importo, que está ahí. Es ese aspecto mostrativo de las redes sociales que da lugar a disputas, afrentas imaginarias y engaños en los sujetos, así como también son un escenario propicio para poner en juego los semblantes, jugando con lo que se da a ver. Es lo que dice Lacan en el capítulo ‘El hombre y la mujer’: ‘lo que define al hombre es su relación con la mujer, e inversamente…para el muchacho se trata en la adultez de hacer de hombre. Esto es lo que constituye la relación con la otra parte. Uno de los correlatos esenciales de este hacer de hombre es dar signos de amor a la muchacha de que se lo es. Para decirlo todo, estamos ubicados en la dimensión del semblante’ Ellas se reúnen para hacer sesiones de fotos y hacer ostentación de su belleza, de sus viajes, de su pareja y de lo sospechosa que es su ‘felicidad’. Lo que importa es lo que quieren mostrar, lo que quieren que los otros vean de ellas (el postureo). Ellos postean los goles de su equipo de fútbol, los amigos o logros.

El deseo es engañoso y las redes sociales son un campo propicio para crear escenas, historias que pongan en juego al deseo. Por medio de ellas, algunas se atreven a decir aquello que en persona no podrían, se escriben frases sugerentes, se suben y bajan fotos, se crea una biografía virtual. Una mujer decepcionada por los encuentros personales con hombres que había conocido primeramente ‘fotos’ daba cuenta de su oposición contra este campo engañoso: ‘a las fotos de perfil, hay que fecharlas o sumarle años, achaques, arrugas...’

El punto de vista sociológico postula que en una sociedad líquida en la que los lazos amorosos son lábiles, pareciera que en un pin pan se cambia de pareja sin consecuencias. Sin embargo, la angustia por los vaivenes del deseo está, y ‘la angustia frente a la pérdida de amor predomina. Las mujeres a diferencia de los hombres se disponen de otro modo al amor. Algunas mujeres pueden llegar a hacer cualquier cosa por un hombre. Como contrapartida del amor, la cara B del amor, Miller señala: ‘el estrago es la otra cara del amor. De la misma manera que el amor es la anulación de todo tener, el estrago es solamente la faz de goce del amor. Esto quiere decir: dar todo, es aquí donde está lo infinito’.

En un texto titulado La tontería Jean Claude Milner, propone pensar dos modos de posición femenina para aquellas mujeres que creen que la relación sexual es posible - es decir la mayoría- una es la coqueta y la otra la boluda. La coqueta cree que todo hombre esta supuestamente dispuesto a ceder en Todo y se olvida que el hombre es muy sensible a su castración y no está dispuesto a perder. La boluda está dispuesta a todo por su hombre es la que cree ciegamente en el hombre y entonces está dispuesta a todo por él, resultando obviamente un fracaso. En la neurosis se trata de creer que existe la posibilidad de un encuentro complementario entre los sexos.

* Texto presentado en la Biblioteca del Campo Freudiano de Barcelona, en los encuentros preparatorios a las Jornadas organizada por la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis titulada: Mujeres. Barcelona, noviembre 2016.


Anabel López / Psicóloga & Psicoanalista

Psicóloga formada en Argentina, desde el 2002 resido en Barcelona. Orientación Psicoanalítica. Europsy especialista en Psicoterapia por European Federation of Psychologists Associations.

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