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Anorexia y Bulimia

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Son dos diagnósticos que se relacionan con trastornos en la alimentación. Los términos anorexia y bulimia hoy en día están cada vez más difundidos; se llama anoréxico a aquella persona que no come, que padece de una ausencia de apetito y bulímico a aquella que después de darse un atracón de comida se provoca el vómito. Desde la perspectiva psicoanalítica proponemos que no se tratan de un mal aprendizaje de los hábitos de comer, ni que van juntas. Anorexia y bulimia manifiestan en las conductas alimenticias un conflicto psíquico inconsciente.

El diagnóstico en muchos casos es decisivo; Sin embargo, no hay que olvidar que un diagnostico no define a una persona. En Psicóloga Barcelona no somos partidarios de orientar el tratamiento exclusivamente en función del diagnóstico, sino que lo basamos en la particularidad de cada persona.

¿Cuáles son los síntomas de la anorexia?
Esta se presenta preponderantemente en mujeres, comienza en la pubertad con un rechazo a la comida y un terror a engordar. Estos sujetos no comen para no engordar.

Hay discordancias entre la mirada de los otros y como se sienten ellos. A pesar de la delgadez observable estos sujetos la niegan. Su imagen corporal aparece distorsionada entre su apariencia real del cuerpo y lo que dice de sí misma. Marcan una diferencia radical entre la mirada propia y ajena sobre su cuerpo.

Otra discordancia se escucha entre lo que dice de si mismo: “No me pasa nada”, “No me veo delgada”, y las imágenes y asociaciones que al ver su cuerpo provoca en su entorno social sean familiares o amigos. Éstos afirman que se parece a un cadáver o una muerta viviente. Se trata de un tránsito entre dos estados, de una muerte en vida o de una vida muerta.

La contradicción entre lo que dice y muestra, conjuntamente con el ofrecimiento que hace de su cuerpo como un objeto para la mirada curiosa de los otros, permiten caracterizar a la anorexia como un síntoma para ser visto. Generalmente, se visten con ropas amplias y oscuras, que cubren su cuerpo, con una clara intención de velarlo, pero así pasa a ser llamativo y contribuye a resaltarlo.
Son chicas inteligentes, curiosas e investigadoras de dietas, lectoras de tratados sobre la alimentación, conocen con precisión el valor calórico de los alimentos.

Como rasgos peculiares se destacan: la obstinación y la tenacidad en su negatividad a comer conjuntamente con su voluntad feroz. Paradójicamente no se sienten enfermas, no reconocen su adelgazamiento y niegan el conflicto, se rehúsan a consultar a un profesional. Es por ello, que acudir a un psicólogo de Barcelona especializado en terapia para adultos le puede ayudar a encontrar la raíz de su malestar y afrontar la vida con menos sufrimiento.

La anorexia y la bulimia son síntomas que se estructura alrededor de la oralidad. Los primeros contactos del niño con la madre son a través de la boca, como vehículo de la alimentación, de placer y de las palabras que se intercambian. Es la madre la que asiste y cuida al bebé cada vez que llora, ya sea alimentándolo, arropándolo o lo que crea que lo calma.

Tanto en la anorexia como en la bulimia es la boca la que se cierra o se abre al alimento. La misma boca con la que se habla, es decir, es con el mismo orificio por donde entran o se rehúsan alimentos y por donde se pronuncian determinadas frases o se callan determinadas palabras. Las palabras son vehículos de deseos y son las que dan estatuto al cuerpo. El recorrido por estas puntualizaciones permitirá responder a la diferencia básica existente entre: necesitar y desear, satisfacerse y gozar, comer y alimentarse, por placer, por amor o por obligación.

El hambre de decir o de desear decir, implica que haya otro escuchando, deseando oír, que no tapone la boca con respuestas inmediatas. Si la vida es reducida al terreno de las necesidades, si el niño llora e inmediatamente la madre le ‘enchufa’ algo, no le deja espacio para que desee. De esta manera son las necesidades la que caen en cuestión ¿por qué o para qué hay que comer?

La anorexia puede presentarse combinada con un síntoma bulímico o la dificultad de contener el hambre puede conducir a períodos bulímicos aislados.

En numerosos casos se vislumbra un ideal de no sentir nunca el hambre. Otros casos muestran una diferencia entre la compulsión a comer o comer por hambre: “desearía sentir hambre o disfrutar de lo que como”. Incluso la aspiración al deseo de comer y engordar cuando se trata de sentirse animados por algún deseo. O comer sin hambre, pero no poder evitar una precipitación incontrolable al acto de comer, que responde a una necesidad de llenar la boca para irremediablemente vomitar y donde la expulsión se presenta como el mecanismo fundamental.

Es importante reiterar que el control sobre el peso, el pasar la vida sometidas a dietas adelgazantes se diferencian del terror a engordar que anima a la verdadera anorexia. En ésta, el deseo de sostenerse y mantenerse en la delgadez es central, y cuando ello es logrado no se sienten enfermas ni con motivo alguno para solicitar ayuda. El hecho de poder mantenerse en un peso límite y no sobrepasarlo estabiliza el síntoma. Su delgadez, a veces cadavérica, pasa a ser motivo de angustia y preocupación para quienes la rodean, pero no para ella misma. Es importante que pueda iniciar terapia psicoanalítica ya que hablar con un analista, acerca de lo que le angustia es muy diferente de hacerlo con un amigo o con un familiar. No se trata sólo de toda la experiencia y la formación académica con la que cuenta una psicóloga de Barcelona, sino por cómo escucha sin juzgar ni aconsejar, siempre bajo una estricta confidencialidad. Proponemos psicoterapia personalizada en Barcelona según cada persona.

La anoréxica no es que no coma comida, come nada. De esta manera la nada tiene una existencia en el plano simbólico. Nada remite a una ausencia, nada en el lugar de algo, de un objeto concreto, de una cosa. Come nada implica en primera instancia una negativa, no come, pero no comiendo come nada. Se niega a un objeto, a un alimento, pero come algo, nada, de esta manera se alimenta de una ausencia o intenta transformar el alimento en una ausencia.

¿Cómo se presenta la bulimia?
La vida de la persona bulímica, al igual que el anoréxico, se halla alterada por los desordenes alimenticios, entran en crisis y son capaces de hacer cualquier cosa (robar o vender objetos ajenos) para conseguir el dinero para darse el atracón.

La bulimia se caracteriza por episodios de «hambre insaciable» (bulimia procede del griego: «hambre de buey»), por un deseo irrefrenable a comer. A pesar de existir intenciones conscientes, a pesar de la voluntad del sujeto que la padece de frenar este impulso, la compulsión voraz que caracteriza a la bulimia, se impone. No tardará en suceder otro episodio donde esta escena se repite de nuevo. Esta conducta compulsiva de comer, cuestiona radicalmente que la comida sea exclusivamente un objeto para satisfacer el hambre. El comer es un calmante de la angustia. En la bulimia no se trata de que la comida sea necesaria en el sentido nutritivo.

El sentimiento de vacío lo intentan llenar con comida. Al tragar tanta comida intentan restituir el estado de completud que vivió de pequeño, cuando era un bebé y la madre lo colmaba. Buscan encontrase en ese momento en la que nada faltaba, en el que todo era perfecto. Lo que buscan se puede decir es un “más de madre”, eso que le falta para que estén “llenos” y no sientan el vacío. Pide a la madre que le dé más, aunque ella no puede, y es en ese pedido de dar lo que no se tiene que le demanda amor.

Con el vómito lo que hace es llamar al Otro, invocarlo. Al no poder hablar, al no poder expresar con palabras aquello que quiere decir, va directamente al acto, vomita.

Entendemos que ‘ser bulímico o anoréxico’ es una forma de nominarse, de nombrarse. De responder a la pregunta de ¿quién soy? El ser bulímico o anoréxico le da un estatuto.

Los ataques de bulimia suelen aparecer en momentos de angustia. De pronto algo les sucede, algo se les cuestiona a dichas personas y “su manera” de enfrentarse con la angustia es comiendo. Pero esa acción de comer, o “devorar”, no les dan ninguna salida, la angustia sigue presente ni con la “comilona” desaparece. Más bien, el comer tapona la angustia con la comida. Una vez aplastadas por tanta comida, vendrá el sueño o el vómito. Aparecerán los reproches, la desvalorización y una tendencia a los estados depresivos. Esto pone fin momentáneamente a este circuito infernal, pues en las personas que padecen de bulimia es fácil que se instale el temor de no poder poner fin a su irrefrenable impulso a comer.


Se puede presentar en todas las edades, si bien sus primeras relaciones con el alimento van a marcar esta tendencia insaciable a la comida. Esta manera de comer produce, además, un aislamiento de la vida social: comen a escondidas o alejadas de la mirada y los comentarios de la gente. Este alejamiento de lo social complica aún más las cosas, pues se construye un nuevo problema y, por lo tanto, una nueva oportunidad de saciarse comiendo.

La preocupación por controlar el peso que a veces demuestra, la resuelve con ayunos, vómitos, laxantes, diuréticos, etc. Sin embargo, la preocupación por engordar no es la cuestión principal, sino que es la compulsión a comer. Hay un “imperativo” que obedecer, hay algo que no se puede dejar de hacer en la bulimia: hay que comer, pero luego hay que vomitar. Tratarse con un psicólogo de adultos en Barcelona puede ayudar a encontrar verdaderamente la causa del malestar, separando la comida de la autodestrucción y hacer algo diferente con el sufrimiento que produce.

Pero ¿Qué le impulsa a comer de esa manera? ¿Qué hay detrás de esa comida que todo lo recubre? Éstas son preguntas que surgen en el transcurso de los tratamientos. Cuando llegan a la consulta –la mayoría de las veces– es con un largo entrenamiento en tratamientos de todo tipo, pero férreamente sostienen uno, el propio, el que consideran el mejor para ellos: comer y vomitar, o su contrapartida: no comer.

En la negativa a comer hay una verdad en juego, una relación constante de lo vacío y lo lleno, donde incorporar para expulsar, mascar para escupir y comer para vomitar, se tornan vaivenes de la pérdida y reencuentro con esa pérdida. Al vomitar no buscan expulsar para no engordar, sino que incorporan y expulsan –una y otra vez-, dramatizando la pérdida y su reencuentro. 


Consultar a Psicólogos Barcelona no sólo es signo de estar mal. Permite que la persona pueda cambiar la situación y conseguir una vida más satisfactoria con uno mismo y mejorar sus relaciones personales y laborales. El alivio del malestar acostumbra a ser relativamente rápido y ya desde las primeras sesiones uno puede empezar a sentirse mejor.

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